Olvidada en los estériles paisajes del desierto de Thar, en Rajasthán, la región de Shekhawati fue una vez hogar de la opulencia de los multimillonarios de la India. Hoy en día, muchas de las grandes mansiones de estos multimillonarios se están desmoronando y  los frescos en sus paredes son los últimos testigos de la gloria de esos tiempos pasados.

Fundada por el jefe rajput Rao Shekha a finales del siglo XV, Shekhawati prosperó inmensamente cuando los comerciantes de las comunidades de Marwari y Bania se trasladaron allí desde las ciudades circundantes y acumularon gran riqueza con las caravanas comerciales que transportaban opio, algodón y especias; reduciendo los impuestos para atraer a los comerciantes y desviando todo el comercio de los centros comerciales cercanos de Jaipur y Bikaner.

Cuando el comercio se trasladó de las rutas de las caravanas por tierra a las rutas marítimas y los ferrocarriles en la década de 1820, los centros comerciales de Rajasthán mermaron. Como consecuencia los comerciantes de Shekhawati se mudaron a las ciudades portuarias de Mumbai y de Calcuta en la costa, enviando enormes cantidades de dinero a sus hogares en Shekhawati.

Inspirados en los frescos ocres del siglo XVII, introducidos por los reyes rajput de Jaipur en el Fuerte de Amber, los comerciantes encargaron intrincadas pinturas que representan las historias sagradas de los dioses y la vida cotidiana de la época.

En cada pulgada de las paredes de la mansión, incluyendo exteriores, interiores, techos e incluso los espacios bajo los arcos y aleros, se representan escenas de las antiguas épicas del Mahābhārata y el Rāmāyaṇa que, junto con un montón de diseños florales decorativos y patrones, fueron los motivos más comunes.

Antes de mediados del siglo XIX los pigmentos tradicionales hechos de minerales y vegetales dominaban la paleta de colores, con tonos intensos de rojos, marrones, azul añil, lapislázuli y azul de cobre, junto con un amarillo brillante hecho de orina de vaca; sin embargo, a partir de 1860 los pigmentos sintéticos entraron en uso, porque eran más baratos y ofrecían una amplia gama de nuevos colores.

A principios del siglo XX los frescos comenzaron a representar las influencias europeas y los avances modernos como recuerdos de lo que los comerciantes  habían visto en las grandes ciudades. En algunos raros casos, los pintores fueron enviados a observar y recrear las escenas. Entre los motivos tradicionales hay frescos de la reina Isabel, Jesús, querubines, máquinas de vapor y gramófonos, así como creaciones extravagantes que mezclan mitología con invenciones modernas, tales como dioses hinduistas en automóviles con chofer.

Las mansiones y sus frescos florecieron hasta principios del siglo XX, después de lo cual los magnates dejaron el desierto por mejores oportunidades en metrópolis bulliciosas como Mumbai y Calcuta e incluso en el extranjero. Después de que el comercio se trasladó a otro lugar, las mansiones fueron abandonadas.

Las mansiones comenzaron a ser habitadas en algunos casos por hasta 50 familias a la vez. El costo de mantenimiento es alto y muchas de las propiedades, comúnmente compartidas entre múltiples herederos, están envueltas en disputas legales.

En 1999, la artista francesa Nadine Le Prince compró el Nand Lal Devra Haveli, construido en 1802 (ahora llamado Centro Cultural Nadine Le Prince), y lo devolvió con esmero a su antigua gloria en la ciudad de Fatehpur. En las ciudades vecinas de Dunlod y Nawalgarh, las mansiones familiares de Seth Arjun Das Goenka Haveli y Jairam Dasji Morarka también han sido restauradas y convertidas en museos para visitas públicas. Algunas otras mansiones se convirtieron en museos dispersos en el interior de Shekhawati, y algunas como Malji ka Kamra, Koolwal Kothi y el Castillo de Mandawa se convirtieron en hoteles.

Crédito: Neelima Vallangi

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