James Hartzell

(Publicado como “A Neuroscientist explores the Sanskrit Effect”)

Un centenar de jóvenes vestidos con dhoti estaban sentados con las piernas cruzadas en el suelo en filas enfrentadas, conversando entre ellos. Ante una señal de su maestro, el salón se quedó en silencio. Entonces comenzaron la recitación. Sin pausa ni error, completamente de memoria, un lado de la habitación entonó una línea del texto, luego el otro lado de la habitación respondió con la siguiente línea. Las voces de bajo y barítono llenaron la sala con prosodia hablada, cada palabra escuchada con claridad, sus brazos derechos moviéndose juntos para marcar el tono y el acento. El efecto fue hipnótico, sonidos antiguos reverberando a través de la habitación, saturando el cerebro y el cuerpo. Después de 20 minutos se detuvieron, al unísono. Fue solo una demostración. La recitación completa de uno de los textos en sánscrito más antiguos de la India, el Śukla Yajurveda, dura seis horas.

Pasé muchos años estudiando y traduciendo sánscrito y quedé fascinado por su aparente impacto en la mente y la memoria. En los antiguos métodos de aprendizaje de la India, la memorización textual es estándar: los eruditos tradicionales, o pandits, dominan muchos tipos diferentes de poesía sánscrita y textos en prosa; y la tradición sostiene que memorizar y recitar exactamente las palabras y frases antiguas, conocidas como mantras, realza tanto la memoria como el pensamiento.

También me di cuenta de que cuanto más sánscrito estudiaba y traducía, mejor parecía ser mi memoria verbal. Los compañeros de clase y los profesores a menudo comentaban mi capacidad para repetir exactamente las propias oraciones de los  oradores al formularles preguntas en clase. Otros traductores de sánscrito me hablaron de cambios cognitivos similares. Entonces, tuve curiosidad: ¿había realmente un “efecto sánscrito” específico de este idioma, tal como afirma la tradición?

Cuando entré en el programa de doctorado en neurociencia cognitiva en la Universidad de Trento (Italia) en 2011, tuve la oportunidad de comenzar a investigar este asunto. Los pandits de sánscrito védico de la India se entrenan durante años para memorizar oralmente y recitar exactamente textos orales de hace 3.000 años que van desde 40,000 a más de 100,000 palabras. Queríamos descubrir cómo ese intenso entrenamiento de memoria verbal afecta la estructura física de sus cerebros. A través de la India-Trento Partnership for Advanced Research (ITPAR) [Asociación India-Trento para la Investigación Avanzada], reclutamos pandits védicos profesionales de varias escuelas patrocinadas por el gobierno en la región de Delhi; luego utilizamos las Imágenes de Resonancia Magnética estructural (MRI) en el India’s National Brain Research Center [Centro Nacional de Investigación del Cerebro de la India] para escanear los cerebros de los pandits y de grupos de control combinados por edad, sexo, uso de las manos, dominancia ocular y multilingüismo.

Lo que descubrimos de la exploración del MRI estructural fue notable. Numerosas regiones en los cerebros de los pandits eran dramáticamente más grandes que las de los grupos de control, con más de 10 por ciento más de materia gris en ambos hemisferios cerebrales y aumentos sustanciales en el grosor cortical. Aunque todavía se investigan las bases celulares exactas de la materia gris y las medidas de grosor cortical, los aumentos en estas métricas se correlacionan consistentemente con la mejoría de las funciones cognitivas.

Lo más interesante para la memoria verbal fue que el hipocampo derecho de los pandits—una región del cerebro que desempeña un papel vital en la memoria tanto a corto como a largo plazo—tenía más materia gris que los grupos de control en casi el 75 por ciento de esta estructura subcortical. Nuestros cerebros tienen dos hipocampos, uno a la izquierda y otro a la derecha, y sin ellos no podemos registrar ninguna información nueva. Muchas funciones de memoria son compartidas por los dos hipocampos. El derecho es, sin embargo, más especializado para patrones, ya sean sonoros, espaciales o visuales, por lo que la gran cantidad de materia gris que encontramos en el hipocampo derecho de los pandits tiene sentido: la recitación precisa requiere una codificación y reproducción de patrones de sonido altamente precisos. Los pandits también mostraron un engrosamiento considerable de las regiones de la corteza temporal derecha que se asocian con la prosodia del habla y la identidad de la voz.

Nuestro estudio fue una primera incursión en la creación de imágenes de cerebros de pandits de sánscrito profesionalmente entrenados en India. Aunque esta investigación inicial, centrada en la comparación intergrupal de la estructura cerebral, no pudo abordar directamente la cuestión del efecto sánscrito (que requiere estudios funcionales detallados con comparaciones de memorización en varios idiomas, para los cuales actualmente estamos buscando financiación), encontramos algo específico sobre el entrenamiento intensivo de la memoria verbal. ¿El aumento sustancial en la sustancia gris de los órganos críticos de la memoria verbal de los pandits significa que son menos propensos a padecer patologías de memoria devastadoras como el Alzheimer? Aún no lo sabemos, aunque los informes anecdóticos de los médicos ayurvédicos de la India sugieren que este puede ser el caso. Si es así, esto plantea la posibilidad de que el “ejercitamiento” o entrenamiento de la memoria verbal pueda ayudar a las personas mayores en riesgo de deterioro cognitivo leve a retrasar o, incluso más radicalmente, a prevenir su aparición.

Si es así, el entrenamiento podría necesitar ser exacto. Un día estaba filmando a cuatro maestros pandits mayores que demostraban las diferentes velocidades de recitación. A mitad de una sesión, los cuatro se detuvieron de repente. “¿Qué pasa?”, les pregunté. “Uno de nosotros cometió un pequeño error”, fue la respuesta. “No me importa”, les dije. “Pero a nosotros sí”, y reiniciaron toda la recitación desde el principio.

Artículo original en inglés: A Neuroscientist Explores the “Sanskrit Effect”

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